Párrafo 1: El Luto y el Cazador
Hoy vamos a contar la historia de nuestro "Desafortunado" y la "chica del barrio", un relato que nos deja una lección valiosa: el amor puede ser ciego, pero la inmadurez... esa sí que ve todo, y con una lente de aumento. Resulta que nuestro protagonista secreto sin nombre, conoció a una vecina. Una mujer encantadora, pero con un pequeño "problemita": su novio había fallecido hacía solo dos meses. Sí, solo dos meses.... Imaginense la escena: él, con su optimismo de siempre, creyendo que puede ser el rayo de sol que ilumine su luto. Y ella, la pobre, apenas saliendo de la cama por el duelo, pero con la valentía de darse una chance. Se juntan en la plaza. Un mate, una charla, y nada más. Ni un beso, ni una caricia. Un encuentro más seco que un bizcocho de la panadería de la esquina de la Soldado Ruiz, con un poco más de tensión.
Párrafo 2: La Casa del Amor (Frustrado)
Después de ese encuentro casi platónico, nuestro "Desafortunado" se animó a un segundo paso: la invitó a su casa. La "chica del barrio", en un acto de fe y quizás un poco de curiosidad, fue. Pero, como es de esperarse en las historias de nuestro "Desafortunado", no pasó absolutamente nada. La pobre mujer estaba lidiando con su propia tormenta interna y, después de un par de horas, con la cabeza en otro lado, se despidió y se fue a su hogar. Nuestro hombre, claro, se sintió un poco descolocado. ¿Qué había pasado? ¿Por qué la huida? Así que, como buen príncipe azul del siglo XXI, decidió consultarle vía chat. Le escribió un "Hola, ¿estás bien?" Ella, agotada y sumida en sus pensamientos, se durmió sin contestar. Un error fatal en el universo de nuestro protagonista, donde el silencio es la peor de las traiciones.
Párrafo 3: La Furia de los Audios
Y ahí es donde la historia toma un giro dramático y, por qué no, muy gracioso. Nuestro "Desafortunado", con la paciencia de un niño de 5 años al que le quitan el juguete, en vez de esperar, explotó. Grabó una seguidilla de audios, con la voz un poco quebrada por la indignación. Le gritaba a la "chica del barrio" que no fuera "hipócrita", que le contestara, que no lo dejara así. Al amanecer, ella se despertó, vio los mensajes y, en vez de asustarse, simplemente se rio. ¿O era una risa de nervios? No importa. Le respondió con un mensaje que para nuestro hombre fue peor que un puñal: "Solo nos vimos dos veces y ya sos así de tóxico. Esto no es lo que quiero para mi vida." Y nuestro "Desafortunado", que no entiende nada, un par de días después le escribe de nuevo, arrepentido. La mina lo rechaza de nuevo, y él sigue sin entender. ¿El final de la historia? La "chica del barrio" le cuenta a la amiga que va a la misma peluquería, la amiga le cuenta a la vecina, la vecina a la verdulera, y ahora nuestro protagonista tiene fama de "tóxico" hasta en su trabajo.... Y por supuesto, él sigue pensando que la culpa es de ella.
Moraleja del día (y de todos los días para "El Desafortunado"): La "mala suerte" de nuestro protagonista con las mujeres, los travestis y, si me apuran, hasta con los enanos, no es una cuestión de destino. Es una cuestión de... él. Pero no te preocupes, amigo, que todavía nos queda un montón de historias para reírnos de vos....con vos digo... ¡Seguí así!
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